Esta obra retrata una fiesta de pueblo ecuatoriana, donde personajes tradicionales bailan y tocan música alrededor de una fogata, símbolo de abrigo, encuentro y celebración. El fuego representa ese momento en el que el frío se va y la comunidad se une, tal como sucede al compartir un trago de Norteño. Animales icónicos del Ecuador el cóndor, la tortuga y las llamas acompañan la escena como guardianes de nuestra identidad y diversidad. La ilustración se enmarca con un borde dorado que integra productos emblemáticos del país como el plátano verde, el cacao y el café, reflejando la riqueza natural y cultural de nuestra tierra. Los laureles de anís, ingrediente principal del Norteño, rodean la composición como homenaje a su receta tradicional. En conjunto, la obra celebra el calor compartido, la memoria colectiva y las raíces ecuatorianas, donde el Norteño no solo abriga el cuerpo, sino también el espíritu.