Nació como nacen las mejores frases: entre risas, una mesa compartida y una botella que pasa de mano en mano. El cartel no buscó ser elegante ni perfecto, sino honesto. Las letras se torcieron como la conversación cuando avanza la noche, los colores gritaron como grita la amistad cuando ya no hay reservas, y la frase apareció sola, como si siempre hubiera estado ahí: “Un Norteñito no se le niega ni al peor enemigo”.