La “Guaricha”, más allá de su figura de mujer “carishina”, encarna la alegría, el desenfreno y la vitalidad de la fiesta popular dentro de la Diablada Pillareña. Sin embargo, en años recientes, esta manifestación cultural ha sido afectada por el consumo excesivo e irresponsable de alcohol, que desde las primeras horas del día transforma la celebración en exceso y distorsiona la imagen colectiva de la ciudad. Esta obra no condena el acto de beber, sino que reflexiona sobre sus limites. Aquí, la guaricha se representa como símbolo de fiesta y rebeldía consiente, bebiendo al caer la tarde, cuando la celebración se apaga lentamente y la Diablada se acerca a su final, reivindicando el goce sin perder la dignidad del ritual.