El Aya Huma irrumpe en Quito con una máscara hipnótica y espíritu festivo, mezclando lo ancestral con lo urbano. Con el Norteño en mano, distorsiona la ciudad, a corta distancias se observa la mitad del mundo, convirtiéndose cada rincón en un juego donde manda quien tiene la botella. ¿Te atreves a jugar?