Quise ilustrar una escena caótica y divertida que todos nos hemos imaginado, el momento donde la adrenalina de la bajada se encuentra con un brindis inesperado. Es un homenaje al espíritu fiestero que no tiene edad, donde la camiseta de la selección y una botella de Norteño son el equipo oficial para sobrevivir al gusanito con una sonrisa. Al final, es un retrato de esa alegría que convierte cualquier susto en un buen recuerdo.